La conciencia es un proceso de ahondar en la aceptación de uno mismo. No es ni un examen frío o quirúrgico de la vida ni un medio para volverse perfecto. Lo que observo, lo acepto.
La conciencia enfocada es difícil porque amenaza nuestro sentido de quién somos. El acto, aparentemente poco amenazador, de observar lo que ocurre en nuestro cuerpo y nuestra mente pone al descubierto la contradicción entre el tipo de persona que deseamos ser y el tipo de persona que somos. La excitación y el letargo son modos de evadir el malestar de esta contradicción.
Ejemplo de toma conciencia

Aceptar el odio, la ira, no significa entregarse a él. Aceptar el odio es ver lo que es: un estado de ánimo destructivo pero transitorio. La conciencia observa cómo surge de pronto, coloreando la percepción y apoderándose del cuerpo.
El corazón se acelera, la respiración se vuelve superficial y picuda, y un ansia casi física domina la mente. Al mismo tiempo, este furor se asienta sobre un abismo oscuro y callado de daño, humillación y vergüenza.
La conciencia observa todo esto sin disculparlo o condenarlo, sin reprimirlo o expresarlo. Reconoce que el odio se irá de la misma manera que ha venido.
Charla de 3 minutos sobre la toma de conciencia con algunas recomendaciones para llevarlo a cabo
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