Cómo podemos alterar lo que observamos y percibimos, le añadimos interpretaciones y llegamos a conclusiones y acciones.

Vamos a diferenciar entre observar algo real y algo supuesto. Por ejemplo, puedo ir paseando por la calle y ver a una persona que asocio a mi amigo Pedro. De lejos son parecidos, me apetece encontrarme con Pedro y mi cerebro asocia esa figura con mi amigo. Conforme nos vamos aproximando me doy cuenta de que esa persona no es Pedro. Perfecto, en este caso he supuesto, en un principio, que era mi amigo. Tengo una percepción no correcta de una observación real (venía una persona parecida a Pedro).

En esta entrada voy a desarrollar una situación diferente: cuando teniendo a mano los datos, llego a una percepción muy personal de los mismos y llego a una conclusión y acción en base a interpretaciones (lo que significan para mí) esas percepciones.

El proceso observación, percepción, interpretación y acción:

  • observo datos/hechos que pueden ser reales o irreales (puedo creer que he visto algo), después
  • tengo una percepción correcta o incorrecta (puede ocurrir que lo que creo ver, no es la realidad)
  • añado una interpretación que puede ser racional o irracional (sólo tienen sentido en mi mente) y finalmente,
  • actúo en consecuencia con mi estado emocional (positivo o negativo) o con mi reacción física.

En esta conversación simulada vamos a comprobar cómo funciona este proceso:

PERSONA A

– Asumo y reconozco que en vez de dejar terminar de hablar, me lanzo a responder. Eso es algo que tengo pendiente de solucionar.

PERSONA B

– Es diferente interrumpir que cortar una conversación. Interrumpir lo hacemos todos en algún momento. Bien diferente es cortar y descalificar opiniones porque no te interese la conversación. Para concretar: no sé de qué hablar contigo para que te resulte interesante o, con tus palabras, te estimule.

-Si me hablas de ti puedes explayarte lo que quieras. Estaré encantada. Creo que lo que pasa es que sobre los temas de política y demás, no me gusta estar dando vueltas porque es muy complejo y aunque vea los problemas no sé las soluciones. Prefiero dar salida a lo que está en mi mano.

-Estábamos hablando de literatura, no de política. Parece que, principalmente, te interesan las conversaciones terapéuticas.

-Pues habrá que ver cómo resolvemos esto porque si no va a ser difícil la comunicación. Si se te ocurre una vía para desbloquear, ya me dirás.

-De esta situación una forma de salir es hablando. Pero hablar con las cartas boca arriba. Nada de pretender quedar bien parad@ o justificar los hechos desesperadamente. Antes hay que decidir si vale la pena. Desde una posición de que sólo quiero hablar de lo que me interesa, dudo mucho de que haya que hablar de algo.

-No sé qué decirte. Gracias por todo, de verdad. Lo siento.

Mensaje posterior de la persona A:

-Puedo comprender que alguien manifieste que le molesta (hablando desde sí mismo) un comportamiento mío, pero es mucho más doloroso si enfoca el índice sobre mí y enumera una serie de cualidades que no son sino dardos envenenados que dañan sin ayudar a mejorar. Quizás esto pueda dar explicación a que me sintiera sin salida y por tanto no viera más solución que decir adiós.

Dejo para vosotros el siguiente ejercicio (con cada personaje):

  • reconocer los datos (qué se ha dicho en esta conversación)
  • las percepciones e interpretaciones que se hacen (de dónde proceden: palabras, significados individuales, susceptibilidades…?)
  • El resultado final (emocional y físico) como consecuencia de lo anterior.

Una estructura de conversación bastante útil en estos casos:

Cuando has dicho o hecho … (describe el hecho o repite la expresión sin añadir ningún adjetivo)

Interpreto que… Y me siento…. Quiero hablar de este tema o directamente exponemos el comportamiento deseado.

Ejemplo:

Juan, cuando te has quedado sentado mientras yo estaba recogiendo la mesa, interpreto que me utilizas como criada y me siento infravalorada. Te pido, por favor, que colabores en las tareas de la casa.

En este vídeo de 5 minutos vamos a comprender tres conceptos de PNL (Programación Neuro Lingüista) que nos ayudan a reconocer cómo pasamos de las percepciones a las acciones:

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